Pese a los fraudes, las elecciones a la Duma reflejan la popularidad del presidente ruso
El partido Rusia Unida, cuya lista ha encabezado personalmente Putin, ha conseguido más de un 64% de los votos. Significativamente, en segundo lugar, han llegado los comunistas, nada post, con un 11%. Una parte de esta apabullante victoria de Putin se puede achacar a los fraudes, como en Chechenia, donde las fuerzas progubernamentales han logrado un 99% de las papeletas con un 99% de participación. Pero más allá de esto, el ex coronel surgido de las filas del antiguo KGB se ha convertido en la referencia para los rusos, a los que ha aportado orden, seguridad, paga de salarios y pensiones y un renovado orgullo nacional. No cabe ignorar que tras el derrumbe de la Unión Soviética, del sistema comunista y de la guerra fría, los rusos atravesaron un periodo de humillación de los que Putin los ha sacado, con ayuda del gas y de un petróleo a casi 100 dólares el barril que son vitales para el resto de Europa.
¿Qué necesidad tenía Putin, si es realmente tan popular, de recortar el pluralismo informativo y hacer tantas trampas? La respuesta puede estar no sólo en su intento de dejar el futuro bien atado, sino también en su obsesión por controlarlo todo y por cualquier medio, según unos hábitos de comportamiento muy propios del KGB, que han tenido su expresión más preocupante en algunos asesinatos sonados de los últimos tiempos.
Putin se presenta como heredero de los zares más fuertes. Aunque no se recaiga del todo en una nueva guerra fría, estamos ante un crudo enfrentamiento de intereses que hace prever que Occidente tendrá en esta Rusia que despierta de nuevo un interlocutor muy incómodo.
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